Acotación preambular: sábado 2 de enero 1993. ENDURANCE es el nombre de una nave británica surta en el puerto de Montevideo. Se aprovisiona en el hangar 8 y navega bajo la firma de Houlder. Locutores radiales y televisivos ignaros en asuntos de pronunciación de la ilustre lengua de Molière la denominaron textualmente en pronunciación castellana: ENDURANCE. Tal nombre resulta de un modismo francés muy utilizado treinta años ha, en una mundial especificación bastamente utilizada por periodistas y escritores deportivos. Significado: Reciedumbre física y, principalmente, fortaleza anímica y espiritual. Por tanto, tal galicismo (común en las decenas de los años 20 y 30) corresponde ser pronunciado en su idioma originario, es decir en francés: "ANDURANS". Verbigracia: los campeones futboleros de las Olimpíadas de 1924 y 28, y el mundial del 30 eran uruguayos poseedores de "ANDURANS"...
Trabajando yo en la oficina central, por razones laborales enviaba una correspondencia específica a una sección de oficina número 2. Indicaronme que la recibiría un empleado de nombre Donald Maqueca: "un canario macanudo" me acotaron. Por tal, los sobres iban dirigidos al señor D. Maqueca. Transcurridos los años llego a la dirección de la oficina número 2, y es allí donde me entero de una realidad sorprendente. Dicho compañero no era "el cacique Maqueca", como lo llamaba el suscripto en solfa camaderil. Había descubierto su raigambre británica. Se trataba de Donald Mac Eachen (macquíchen). ¡Oh resabios onomatopéyicos de ciertos ignaros montevideanos patrioteros primarios y directos!
Desgraciadamente, la FATALIDAD (así con mayúsculas en sus nueve letras) cerniose sobre los últimos años de vida del amigo Maqueca, frenteamplista idealístico, franco, fiel en sus convicciones políticas, honrado en su accionar, los últimos años de su existencia los vivió circundado por una casi hipocondríaca amargura.
La dictadura lo afectaba profundamente. Indirectamente en lo físico, pero intensamente en el lamentar cotidiano... Amén de la súbita aparición de la denominada "enfermedad cruel". Sus confidencias engrandecieron mi condición humana (parafraseando a André Malraux). De allí reverdecieron lúgubres frases-ideas que George Elliot vertió en relación con LA ESENCIA DE LA AMISTAD:
¡Qué indecible consuelo
es sentirse uno seguro con otra persona!
No tener que sopesar las ideas
ni medir las palabras,
sino poder derramarlas todas como surgen,
la paja junto con el grano,
sabiendo que una mano fiel
las tomará y reparará
conservando lo que vale la pena
y luego, con un soplo de benevolencia,
esparciendo el resto al viento.