Viñetas y comentarios de época escritos por Avelino Capelán Pérez (1922 - Montevideo - 2000)

DOS VIÑETAS GALAICAS


¿FUE JOSÉ EL PADRE DE JESUS?

Inscribiendo el consuetudinario y mensual "adelanto a cuenta de haberes", aconteciome una anécdota tan pintoresca como galaica en sus raíces. Presentábase un electricista de la Planta Industrial a los efectos de gestar el pertinente Adelanto. Pregúntole:
— ¿Cuánto? Gómez.
— Yo no me llamo Gómez. Me llamo López.
— Disculpa. (la etimología del apellido López la conozco: Lop significa "lobo" y la terminación "ez" en el antiguo castellano significaba "hijo de").
Escribiendo su nombre en el Adelanto me sorprendo:
— ¿Cómo? ¿Jesús? ¿Te llamas Jesús de nombre? ¿A ti no te dicen "Pepe"? ¿Dónde está el José?
Fue entonces cuando narrome el caso curioso. Su madre, encinta allá en su Pontevedra. Su padre, en labores de pescador embarcado en el Atlántico y en el Cantábrico. La madre deseaba bautizarlo cual Jesús, pero el padre imponía el nombre de José. Nace el rapaz en día en que el padre se hallaba en alta mar y la madre aprovechó tal situación inscribiéndolo como Jesús. Al retornar el autor de sus días, halló una solución salomónica —pero incongruente— al problema, y dijo:
— Pues entonces, a este Jesús yo le coloco el sobrenombre de Pepe.
He ahí la razón básica de un hiper potente "convencimiento racionalista" al estilar celtíbero.

EL INTRÍNGULIS DE LOS DOS GARCÍAS


Aquellas dificultades burocráticas iban de mayor a máximo. Incidían en ellas la proximidad de los números internos de ambos galaicos propietarios y la idéntica escritura de sus apellidos. Uno: interno número 22.500. El otro: interno número 22.508. Los errores y las confusiones se multiplicaban. Entrega de sobres de uno al otro y viceversa. Descuentos y créditos no correspondientes a los implicados. Un cúmulo de equivocaciones subsidiarias con las consiguientes y complicadas rectificaciones.
Dada esta situación decidí abocarme a darle curso a una idea ya varias veces practicadas en la empresa: agregar a ambos el segundo apellido, un método aclaratoriamente eficaz. Llamo a uno de los dos Manuel García, segundo apellido, Peña. Le expliqué. Sonaba bien aquello de Manuel García Peña. Pero el me contesta escueta y tozudamente:
— Yo no me cambio. Todos mis amigos y familiares me conocen como Manuel García. Y como Manuel García seguiré hasta la muerte. ¡Que se cambie el otro!

Se presenta el segundo Manuel García. Le explico las razones. Este parece comprender, más al final, cuando le pido el segundo apellido, resignadamente me dice:
— Es igual.
— ¿Cómo que es igual?
— Sí, es igual.
— Lo qué es igual.
— El apellido. Yo soy Manuel García García.
¿Final de la historia? Pedí disculpas por la molestia y dejé todo como estaba.

Más tarde reflexioné una moraleja en paráfrasis: "Contra el destino galaico nadie la talla". Axiomáticamente admiré al Paco de Franco, pero no por sus ideas o sentimientos humanitarios, sino por su resolutiva actitud pragmática ante las divergencias de sus connacionalistas: a los gallegos no se les discute, se les ordena.