"Inspector de zócalos" lo habían apodado al canario Sequeira. ¿Motivación definitoria? Una deficiencia cartigular, alguna hernia de disco columnal, la cual lo obligaba a inclinar su cabeza hacia la izquierda, aunque como buen blanco, sus ideas políticas las inclinaba hacia la derecha.
Intimamos en una excursión deportiva de nuestro Club Atlético Línea A hacia Durazno. Él era de aquellos pagos. Introvertido al grado máximo, compañero de asiento omnibusero, lo banqué estólido en su silente acompañamiento. Su asentimiento cabezal fue su única charla.
Fanático a muerte de las riñas de gallos poseía sus lidias rebuscadoras al respecto. Cada oportunidad en que oigo cantar al Mago, "Pobre gallo bataraz" el recuerdo de aquel compañero bonachón llega a mi corazón luego de deambular por mi mente...
Primera anécdota verídica
Era poseedor Sequeira de un faconcito tan afilado como artístico se proyectaba el manguito. Lo utilizaba para cortar los hilos con los cuales se ataban los pacos de los billetes recaudados. De la utilidad del filo del hermoso faconcito baladroneaba cotidianamente. Sentir terminológico de buen pajuerano:
— Lo tengo por las dudas. Por si algún guarda no me entrega la recaudación, o por si algún oficinista pretende llevársela a escondidas.
Humor sencillo que bien pudo trocarse en negro cierta noche en que los amigos de lo ajeno, utilizando los ventanales a la terraza asaltan la oficina número 1 llevándose billetes y monedas. Al día siguiente le pregunto al canario:
— Sequeira ¿y el facón? ¿No lo usó?
— No quiero acordarme, como dice el tango, uno de los chorros lo vio, lo tanteó... tenía un revólver... yo sudaba. Fue entonces cuando me dijo:
— ¡Lindo, muy lindo! ¡Gracias! —y se lo llevó.
Educado el mozo, comentó Sequeira.
Segunda anécdota verídica
Oficina recaudadora. Final de una jornada nocturna. Cruzadas las doce de la noche... Guardas entregando y auxiliares recaudando. Atmósfera especial en ambientación particular para aquellos que las vivimos. Cansancio: en verano sudorífico, y en invierno tiritante. Silencio apenas trunco por algún saludo a la ligera y alguna solicitud de "¿hay papeles?", "¡boletos para mañana!".
Ruidaje de los manipuleos de las monedas... golpeteo sobre el mostrador de la conformación de paquetes... Sonatina de las broncíneas bandejas de las balanzas controlando los paquetes.
Súbitamente se recepciona la lejanía cielística del retumbar de unos truenos. Al rato el fogonazo de un relámpago. Es entonces cuando Briano le pregunta desaprensivamente al canario:
— Sequeira ¿usté tiene gente afuera?
El duraznense solícito, floreándose le responde:
— Sí. Allá por los rojos pagos del Yí tengo varios. Pero todos son blancos.
— Entonces apuresé, vaya dentrándolos porque parece que se viene flor de menesunda.