Viñetas y comentarios de época escritos por Avelino Capelán Pérez (1922 - Montevideo - 2000)

EL GORDO DEL ACORDEÓN

Benito Cidrás, nomenclaturamente bautizado por El Loro Collazo como "El Gordo del Acordeón", tenía lomo. De lo contrario no habría podido (o no pudiera) maniobrar con el acordeón-piano. Benito tenía flor de lomo. Y de él (del lomo) pendían las tiras sostenedoras del instrumento sumamente pesado.
Tratábase -el instrumento- de un teclado idéntico al del piano, en faja derecha perpendicular en manipulación. El fuelle central y el teclado abotonado de la izquierda, pertenecían al bandoneón. La sonoridad potencial era orquestalmente formidable.
El acordeón piano popularizóse a partir del año 1934. Las películas neoyorquinas de las orquestas acompañantes de Gardel lo impusieron en el Río de la Plata. Joe Bibiano, definido de nacionalidad ítalo-nortamericana fue el acordeonísta pianístico que acompañó tangueramente a "El Mago" en las películas y en las grabaciones. El sonido "pegó".
Edgardo Donato lo acondicionó a su orqueta típica incluyendo al intérprete Washington Rodríguez. Años después, en 1938, Rodríguez y Bertolín crearon un exitoso dúo jazzístico de renombre en su época.

"LA CASA ES CHICA, PERO EL CORAZÓN ES GRANDE"
Fué éste un eslogan publicitario de la mueblería perteneciente a Raúl Fossatti (Av. Gral. Flores y Vilardebó, esquina noroeste, año 1947). Fosatti conformó un dúo de acordeonistas-piano conjuntamente con el popular Isidro Cristiá. Ambos constituyeron un agrupamiento musical renombrado entre los radio oyentes de la década del 1940.

El gordo del Acordeón "dominaba la güeva" del geito milonguero y poseía un oído musical notable. Un simple tarareo de tonada, e ipso facto el gordo seguía la melodía y el ritomo.
Acunóse en farras y milongueadas de layaa. En Piringundines y prostíbulos suburbanos, en locales lindanes con la braveza y el matonismo verdaderos tugurios del malandrina y el malevaje, macho y hembras ("De puro guapo", tango).
Una verídica anécdota narrada por dos testigos:
Un queco de Pando. El acordeonista sufre un percance fisiológico, es decir una macha cagalera en el momento de mayor efervescencia milonguera.
-No puedo más. No puedo seguir tocando. Tengo que ir al baño. -les dice Benito a las parejas de percales y lengues embuídos en sus cortes y quebradas.
-¡Seguí! -le gritan las voces masculinas y más culonas- ¡Te pagamos triple!
-¡Tengo que ir a merdear...! -magulla el gordo.
-Es lo mismo -acota alguien- ¡tocá desde el cagadero!
Y así lo hace. El gordo va al baño (un cuartito de chapa al fondo del local), se sienta en el cagadoiro, abre la puerta y continúa la emisión de tangos al maloliente compás de los estrunzos salientes...

(Hay que dejar constancia de que el gordo era una persona tan atenta, tan amable, como excelsa en educación).

Oliver Hardy y sus tinguiñazos resignadamente melifluos

Las vivencias pintorescas con el gordo Benito conformarían capítulos de diversidad anecdótica. He aquí una finiquitada en versos:
Balneario Salinas. Tres días de lluvia: calles arenosas-barrosas. Farra diaria de la muchachada que alquiló una casita. Visita a un chalet bacanazo, del gerente montevideano de la firma bonaerense "Toddy".
El gordo en vestimenta blanquecina; todo un rococó espumita... Buzo blanquito, pantalón playero cremita, championes bola de nieve...
Un auto se empantana. Comenzamos el empuje. El gordo también lo hace. La rueda que él empuja comienza a patinar. Y Benito recibe un formidable chijotazo de barro y agua sucia en pleno frente del empilche...
Carcajada general, de todos menos del gordo. Al igual que Hardy, comienza a retirarse quedamente los trocitos de barro. Comento yo: -Con esa patinada trasera no podés hacerte la coladera. Y agrega él: -Una fiesta placentera termina en la escupidera.

Oído total

Con Benito dialogué íntima y musicalmente, expresándonos en distintas ocasiones. Bastaba que le modulara una pieza musical carnavalera de otrora para que él inmediatamente la encajara en las modulaciones de su acordeón piano.
La mayoría de los discos bonaerenses de las troupes, el suscripto los poseía. Algunos adquiridos por mi padre, otros herencias de mis primos mayores o tíos. Yo tarareaba y el gordo comenzaba a interpretar.

Allá por los años 60, al Loro Ramón Collazo se le dió por inmortalizar la imagen lírica de Benito Cidrán, componiendo "El Gordo del Acordeón", una marcha - canción farambulesca al estilo alegre y liviano de Los Atenienses de la última época. Todo un éxito popular, fue grabada en Buenos Aires por conjuntos argentinos, gran prestigio de leyenda para el querido Benito.