Fue anécdota verídica. Diríamos, increíble, pero aconteció cual cierta. Artífice gestor: "El Tuerto" Camarero, co-propietario conjuntamente con sus hermanos del coche Nº 10 de la línea "A" de C.U.T.C.S.A. Siempre trabajador, el tuerto era una especie de laburante característico de aquél medio ambiente omnibusero de próspero jornal. Pletórico en sus consuetudinarias semblanzas humorísticas, siempre enhiesto en el gesto gesto jocoso. En terminología acorde, estaba siempre "pa la joda".
Y fue por esos años que dió parición una reglamentación municipal de puertas en su abrir y cerrar: trasera y delantera a indicación pertinente del guarda. Por tal, correspondía a éste indicar ambas situaciones de acuerdo a indicaciones de tres resonancias: timbre de piolita, chirrido de botón, o indicación vocabularia del hecho...
Sucedió que a "El Tuerto" se le dió por utilizar una terminología oral populachera en boga por aquellos años. Desechando la indicación en palabra de "por adelante" o "por atrás", en el abrir o cerrar de puertas, entró en una suplantación original, sustituyendo las indicaciones vocabularias del guarda al conductor por dos expresiones populacheras entonces en boga: TRIKI, Y ÑAKI.
TRIKI significaba "abrir la puerta trasera"
ÑAKI significaba "cerrar la puerta trasera"
Enterado de tal sistema, el austero, impertérrito y estricto Inspector General de Tráfico (todavía no había nacido lo de "tránsito"), cita a El Tuerto. Me dijo El Tuerto lo que le dijo a aquél sumo pontífice cutcsístico de otrora:
-¿Acaso yo pronuncio malas palabras? ¿Acaso yo soy un guarda maleducado? ¿Acaso el chofér no entiende lo que le digo? Entonces ¿qué problema hay? Yo siempre simplifico, no digo frases, digo palabras cortitas y al pie...
El Inspector General me narró de la sonrisa que a él le brotó, y de su pensar:
-Allá, en el fondo, El Tuerto tenía sus razones... tan valederas como su sano humorismo de "transportista" (vocablo muy utilizado por la época).
Los años transcurrieron, El Tuerto se jubiló. Y una tarde El Tuerto subió a un ómnibus cual vendedor ambulante y parlante. Parapetóse a la diestra del antigüo chofér, saludó al señor guarda, y parlamentó su retórico discursear:
-Muy buenas tardes distinguidos pasajeros, etcétera, etcétera.
Al otro día me enteré. El Tuyerto andaba en la "llaga" y para pelechar algo se largó a la venta omnibusera. Vendía peines, varios y específicamente explicados en sus virtudes específicas (sirva la redundancia).
En la oportunidad viajera-vendedora en que El Tuerto avisoraba (descubría) entre los pasajeros del bondi a alguien conocido, se hacía el "vischenzo". El Tuerto no subía a coches de la Línea A, en la cual había yugado. Fue entonces que recordé la letra (tanguera-tanguera) de "Vieja Recoba". Aquellos simples versitos nacidos de la pluma y el cuore de Cadícamo, en la interpretación de "La Voz que venció al Olvido" me ofrecían el ocultamiento amargo de quien "se había venido a menos".